10 acciones para una cultura organizacional sostenible


Compromiso de la dirección, metas ambiciosas y propósitos bien definidos son claves propuestas




magen: www.un.org]


Esta semana compartimos con vosotros un artículo que resume perfectamente, en 10 sencillos puntos, las acciones que cualquier organización debe realizar si quiere ser sostenible en el tiempo.

Nos referimos a ser sostenible en el sentido tradicional de los defensores de la triple cuenta de resultados, es decir: (a) ser económicamente viable (generar beneficios), (b) ser ambientalmente sostenible (no acabar/esquilmar los recursos naturales que necesita para seguir operando), y (c) aportar valor a la sociedad (tener una dimensión social).

Dichas claves están orientadas a dar respuesta a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que la ONU ha definido en colaboración con gobiernos y empresas, para hacer del mundo un lugar mejor para todos.

Sin más, os dejamos con el artículo:


"Los retos que plantea la agenda mundial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacen necesario mirar hacia las organizaciones y revisar qué tan sensibles son frente a los asuntos sociales, ambientales y económicos. A continuación, 10 acciones puntuales, desde mi experiencia, que le pueden ayudar en esta reflexión:

1. Compromiso de la dirección

Nada más poderoso que un líder que valora y le da importancia a la gestión de aspectos sociales y ambientales en un entorno empresarial competitivo. Este debe ser el punto de inicio para construir una cultura con bases sólidas para que perdure en el largo plazo. Para un equipo de trabajo siempre será importante ver en sus directores coherencia entre sus discursos y las acciones que emprenden día a día. En el caso de las Empresas B se valora tanto este aspecto que desde los estatutos se genera un compromiso para tomar decisiones analizando siempre los asuntos económicos, sociales y ambientales.

2. Alineación con la estrategia de sostenibilidad

Conservar el talento se ha convertido en uno de los principales retos de los directivos en un cada vez más cambiante entorno de negocios. Una vez definida la estrategia por la alta dirección esta debe llegar de manera precisa a cada uno de los integrantes de la organización y entregarles herramientas que les permitan responder fácilmente la siguiente pregunta ¿Cómo aporto a la estrategia de sostenibilidad desde mi responsabilidad en la organización? Cuando cada una de las personas conocen como impactar positivamente los resultados y la estrategia, la cultura tendrá bases sólidas y se generarán condiciones atractivas para el talento en el largo plazo.

3. Coherencia con los valores corporativos

Una marca no puede proyectar unos valores al mercado y otros diferentes de sus públicos internos. Este es quizás uno de los retos más grandes de las organizaciones, pues el mercado reconoce los logros y cree en una propuesta de valor, pero no siempre eso se ve reflejado cuando se visita una oficina o una fábrica y se dialoga con las personas sobre los temas ambientales y sociales. Por ejemplo, una compañía puede ingresar a una clasificación o estándar de referencia en el largo plazo, pero cuando tenemos la posibilidad de visitarla no se evidencia la sensibilidad de su equipo por los asuntos sociales y ambientales. El story telling puede ser de mucho impacto, pero esto debe coincidir con el story doing de un equipo de colaboradores. Cada persona debe dar testimonio claro del compromiso que promueve la organización en los medios de comunicación y foros especializados.

4. Propósito bien definido

Definir un propósito es preguntarnos una y otra vez ¿Para qué hacemos lo que hacemos? Para un profesional es cada vez más relevante cómo puede aportar a las grandes problemáticas del planeta desde su lugar de trabajo: cambio climático, pobreza, equidad de género, ecosistemas terrestres y marinos, desertificación o deforestación, entre otros. Esa es una característica de las Empresas B, que no buscan solo ser las mejores del mundo sino también las mejores para el mundo: son empresas que resuelven problemas sociales y/o ambientales a la vez que generan valor para los accionistas. Cuando el talento tiene propósitos similares al de la organización, la cultura se fortalece y todos salen ganando en el proceso.

5. Metas ambiciosas

Las grandes transformaciones implican apuestas ambiciosas y esto debe ser monitoreado a través de metas retadoras. Los líderes mundiales en sostenibilidad han logrado incluir en sus complejas estructuras organizacionales metas e indicadores para hacer un seguimiento detallado a la estrategia corporativa. Por ejemplo, si para una compañía proteger el recurso hídrico es de vital importancia y lo comunica ampliamente a todas sus partes de interés, solo esto será verificable por el mercado permitiéndole generar y proteger su reputación, cuando existen cifras claras sobre las acciones anunciadas. Si en una cultura de trabajo cada uno entiende como sus indicadores le apuntan a un propósito superior, vale la pena el ejercicio y se fortalece la sensibilidad por los aspectos sociales y ambientales; de lo contrario, se genera un rechazo cuando una vez al año se les solicitan unas cifras frías para incluir en un reporte para la asamblea anual de accionistas.

6. Diseño de productos y servicios

Los productos y servicios de una empresa con una cultura sensible a la sostenibilidad deben reflejar responsabilidad y coherencia. Desde el diseño y la concepción de los productos y servicios una organización puede influenciar positivamente su cultura, seleccionando materiales amigables con los entornos laborales, facilitándole al talento la fabricación de los productos, revisando en el ciclo de vida de los mismos las condiciones de los empleados e imprimiéndoles innovaciones para el ambiente y la gente de las que los colaboradores se sientan orgullosos. Un producto o servicio responsable puede convertirse en un atractivo para atraer el mejor talento, pero uno incoherente puede llegar a ser la puerta de salida de personas que preferirán migrar a un entorno donde su propósito encuentre terreno fértil.

7. Selección del talento

Un gran aliado de la dirección para mantener una cultura sensible a los asuntos sociales y ambientales y para acompañar a las personas a pensar siempre en entregar las soluciones más responsables para las necesidades de los clientes es el área de gestión de la gente. En un entorno en el cual las compañías compiten para atraer al talento que más se adecue a los retos sectoriales, identificar personas sensibles a las problemáticas del mundo actual además de todos los demás requisitos de rutina, se ha convertido en un diferenciador al momento de la toma de decisiones por parte de un empleador. Se está evidenciando como la población joven no solo busca ingresos para progresar y resolver sus necesidades básicas; la nueva realidad muestra que además de esto quieren, y necesitan, hacer un aporte a los grandes retos que implica el Desarrollo Sostenible. Existen diversas maneras de identificar esa sensibilidad en las personas desde el mismo proceso de selección: los problemas son urgentes y como en muchas otras materias y competencias, los recursos son escasos: alcanza el tiempo para fortalecer algunas brechas, pero no para formar a todos en todo.

8. Voluntariado corporativo

Invitar al talento en las organizaciones a apoyar causas en las cuales se ha decidido enfocar esfuerzos para fortalecer lazos con algunas partes interesadas es una manera de identificar quiénes tienen una sensibilidad especial por los asuntos sociales y ambientales. Estas personas se convierten en multiplicadores dentro de una cultura organizacional y van permeando con su mensaje a otras personas con igual o mayor sensibilidad. El trabajo con la comunidad, la protección de especies animales y los proyectos de vivienda en una población sin acceso a las oportunidades entre otros temas, se convierten en experiencias no solo para afianzar la responsabilidad sino también para fortalecer los lazos entre los compañeros, mejorar el trabajo en equipo, el liderazgo y la integridad. Los organizadores del voluntariado no pueden caer en los "obligariados", exigiendo a las personas a participar en contra de su voluntad; lo anterior desdibuja el verdadero papel de este importante mecanismo para fortalecer una cultura soportada en el respeto por el ambiente y las personas.

9. Estilos de vida saludable

No es posible construir organizaciones y ciudades sostenibles si las personas no conocen y practican los estilos de vida saludable. Todo lo que los empleados realicen en su vida privada, en su hogar, camino a la oficina, en el supermercado, en sus actividades sociales y en general en su diario vivir, tendrá un impacto directo en una cultura corporativa. Cuando las compañías se toman el tiempo para promover mejores estilos de vida, el impacto sobre la cultura es directo y los resultados se evidencian en los indicadores. Algo tan simple como la alimentación saludable y el ejercicio frecuente mantiene a los equipos más activos y con toda la energía para responder de forma efectiva a los retos de los mercados globales.

10. Economía colaborativa

Gracias a la creciente economía colaborativa hoy podemos encontrar en nuestros aliados estratégicos los recursos que nos hacen falta, las soluciones que complementan las nuestras, los espacios con los que no contamos y hasta el transporte y el alojamiento para el talento. Una cultura sensible a la sostenibilidad se facilita cuando hacemos parte de comunidades y lugares de encuentro, como por ejemplo #CicloSiete, una comunidad de 22 países que durante una semana al año en el mes de abril se alinea para 1) generar conciencia, 2) llamar a la acción, 3) compartir las mejores prácticas e 4) inspirar a más personas a vivir la sostenibilidad. #CicloSiete, expresado por los participantes, se ha convertido en un aliado de las organizaciones y ciudades para construir culturas sensibles a los problemas que afronta al mundo de hoy y en una ruta hacia la agenda mundial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible cuyos resultados evaluaremos en 2030."


Sobre el autor:  Alejandro Zapata Arango, es un profesional experto en sostenibilidad, radicado en Medellín (Colombia) que colabora con el diario El País habitualmente.